Estaba sentado en el parque cuando aquel personaje se le acercó para pedirle tabaco.
– No tengo, lo siento.
– Claro que no tienes. No tienes nada.
Aquel día no le dio importancia al comentario, parecía una de esas cosas que dice la gente rara. Uno de esas lúcidas frases que uno se esfuerza por apartar de su mente. Sin embargo, no pudo dejar de pensar.
“No tengo de nada”… -bullía su cabeza. “No tengo nada”.
Cuando regresó a casa ella estaba sentada viendo la televisión, absorta en su mundo. Apenas apartó la vista del aparato cuando él entró en la estancia y siguió así, sin prácticamente moverse. Después, cenaron sin hablar demasiado. Diálogos absurdos del tipo “pásame el pan” y “en la tele hoy no echan nada” llenaron el silencio de la habitación. Sin embargo, siguieron mirando aquella caja absurda que mataba el tiempo con publicidad de productos que no necesitaban.
Así pasaron los días. Todos iguales, con las mismas frases repetitivas. Llegaba de trabajar y la encontraba anclada a la programación sin que ella se moviese un milímetro. Incluso sin aquel molesto aparato la escena habría sido la misma. No tenían nada de qué hablar, no les pertenecía ningún pasado ni futuro. Apenas tenían un presente artificial. Días inventados como si de un guión se tratase. Diariamente reconstruían situaciones que él imaginaba y repetían los diálogos de vez en cuando. A menudo él tomaba como ejemplo alguna película y obtenía de ahí las palabras y situaciones a representar. Sin embargo, era difícil programarla para que representase otra escena porque había que dedicar demasiado tiempo a cuestiones técnicas para crear un pequeño diálogo de unos minutos.
Al principio apenas dormía pensando en el modo de crear nuevas situaciones y frases para hacer que todo aquello pareciese real. Pero aquella convivencia era a largo plazo tan interesante como hablar con un jarrón. Terminó por sentirse más sólo todavía, como si aquella presencia le recordase todas las ausencias existentes en la casa.
Fue por eso, por lo que aquel día las palabras de aquel extraño calaron hondo en él. Y fue por eso también, que aquella mujer simulada (aquella especie de experimental androide) terminó ahogada junto a la orilla del río.
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